DEMONIOS

DEMONIOS
Demonios - Chely Escalona

Es curioso que el tema de los demonios siga estando dominado, distorsionado y
controlado por la iglesia (con minúsculas). Etimológicamente “daimon”, de donde procede esa palabra, no tiene que ver con esa cualidad destructiva, vulgar y aterradora que hoy conocemos gracias a la ignorancia generada por el oscurantismo del Medievo.

¿Cómo lo vemos en la modernidad? En el éxito de toda creación que recurra a imágenes demoníacas para aterrarlo, paralizarlo y obligarlo a buscar auxilio en figuras “salvadoras”, propuestas por la religión, para acabar con ese contenido. En los años setenta nos aterramos con la película "El Exorcista" que narraba, con imágenes espeluznantes, la “posesión” de una niña por el “demonio” Pazuzu... ¡cuando la presencia de esta deidad se remonta al siglo VII a.C. como protector de los hogares contra espíritus peligrosos en la antigua Babilonia! ¿Cuántos no durmieron, temerosos, frente a esta manipulación hollywoodense? La palabra “daimon” viene del griego y significa espíritu protector. Para ellos, era un ser espiritual o divinidad menor que actuaba como intermediario entre dioses y mortales. ¡Era un guía interior! ¡No necesitaba “poseer” a nadie!

Platón, por ejemplo, atribuía su elocuencia a la influencia de su daimon… Entonces, ¿cómo algo tan sublime, capaz de inspirar, pasó a convertirse en el Demonio o Diablo? Pues siglos de dominio eclesiástico donde la ignorancia y el terror en lo colectivo permitieron enmarañar y falsear la figura del daimon, el cual ahora debía ser expulsado con rituales y fórmulas mágicas realizadas y autorizadas sólo por la autoridad eclesiástica.

Ahora, ¿cuándo a Usted se le ha catalogado como “endemoniada” o “endemoniado”? (preocúpese si nunca se lo han dicho porque tiene una inexistente expresión de la rabia y la furia). Contradictoriamente, el problema de la animadversión hacia figuras rabiosas, ruidosas, combativas y obscenas nace también en la Antigua Grecia hacia los dioses de la guerra. Ergo, todo eso era opuesto al ideal griego de la mesura, la belleza y el orden (mientras hipócritamente necesitaban al terrible Ares, dios de la guerra sangrienta, para sus grandes conquistas). ¿O es que acaso la Guerra de Troya fue llevada a cabo a fuerza de besos, abrazos y caricias? La contradicción intrínseca de lo humano resultante frente a esta absurda escisión de nuestra naturaleza hizo sucumbir al infierno personal toda esta rabia y hostilidad que aún vive entre nosotros… ¿y quién nos defiende entonces cuando quieren invadir nuestro espacio personal (nuestras cosas)? ¿Volvemos a las rosas, los besos y los abrazos? ¿Requirió Usted un exorcista después que le asestó un buen coñazo a quien le hacía bullying en el colegio? ¿Necesitó un exorcismo cuando se plantó frente a sus padres porque quería estudiar o hacer otra cosa, siguiendo su propia naturaleza, incluso a veces con berrinches y gritos? Si no lo hizo, usted sí tiene ese demonio adentro que acudió en defensa de su individualidad y unicidad y no lo escuchó… ¡y ese demonio sigue molesto! ¡Toda emoción y acción referida a la vida, y a la defensa de ella, no expresada, se transformará en demonio al estilo eclesiástico! ¡Se expresará en algún momento como un volcán de furia o como una enfermedad psicosomática! ¿Es usted víctima de los modernos ataques de pánico? ¡Pues revise sus demonios! Y así la lista de demonios puede ir en aumento… ¿Acudirá al exorcista para remediar eso? ¿Le rezará al hombre moribundo y ensangrentado en la cruz? (por cierto, qué imagen tan demoníaca).

Vuelva al comienzo de este escrito, revise sus dáimones y luego vea cuántos de ellos usted, su religión e ignorancia convirtieron en demonios… ¡recuerde que ellos se llaman legión!

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